LA EXTRAÑEZA DEL RECUENTRO

De tanto en tanto, la tierra produce un sabio, rezaba la lápida mugrienta de este desconocido, a la que el tiempo y la vida misma habían desgastado hasta borrar su nombre y sus apellidos; apenas quedaba escrita esta frase, también roída por las inclemencias de la intemperie y del abuso. El silencio sumía al lugar en una soledad aterradora, desprovista de cualquier signo humano, a excepción de nuestro protagonista que, pese a la lluvia incesante, continuaba impertérrito ante la tumba, puede que vacía después de tantos años, sumido en esa añoranza cruel del que se ve abocado al exilio, deseando que también a él lo recordasen así. No obstante, y pese a sus esfuerzos incansables, sabía que jamás nadie le tendría en tan alta estima, en tan alta consideración. Apoyado sobre su bastón, ya cansado, miraba aquellas palabras mientras se convencía de que sus escritos, cuando muriese, desaparecerían con él.

De tanto en tanto, la tierra produce más de un sabio, escribieron en su lápida años más tarde. Se escuchó, llegado desde ninguna parte, un suspiro de satisfacción.

Elisa Pont

Tercer premio en el II Concurso de Microrelatos “Sergio Besser”

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