Días

Hay días que directamente no deberían existir. Otros que quizá mejor sería no recordar, por pena o por dolor o por simple bajeza emocional. La pereza se expande tan repentinamente que tu voluntad es incapaz de reaccionar a tiempo, y luego se anquilosa como un parásito abominable del que reniegas, pero al que alimentas cotidianamente.

Y hay otros días que son interminables, horas asfixiantes, que por propia naturaleza deberían postergarse, acontecer justo en ese instante idóneo de acoplamiento del cuerpo con el alma. Pero de momento la ambición sigue siendo un propósito.

Y los días detestables se acumulan, irremediable y agotadoramente, en parte porque tú mismo permites que proliferen. Y como días, hay también reflexiones que escritas pierden contundencia pero no razón de ser.

Elisa Pont

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