Atardecer

Cielo Godella

Te descubro una tarde. Aquí sentada en mi escritorio, como cualquier otra, en este refugio contra el tiempo que he ideado. Sin tu permiso.

Te descubro esa tarde y no puedo evitar mirarte, escondido en el tejado, en ese no lugar inaccesible e impenetrable del que tanto me hablas, pero al que me prohíbes acercarme.

Qué incoherencia, qué falta de exactitud.

Tienes miedo de mi reacción, por eso sigues ahí agazapado observándome, entre asustado y curioso y preocupado. Aunque llevabas tiempo esperándome te he sorprendido, lo sé.

Lo sé todo de ti y aún así no te conozco. A ti te pasa lo mismo conmigo, ¿verdad? Queremos y no queremos, y con esa eterna duda moriremos algún día.

Elisa Pont

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