Una vez (más)

La sensiblería no es más que aburrimiento propio. Es, como suele ocurrir a veces, odio advenecido por la ternura, combinación de miserias e impresiones. Es esa sensación vaga que te ronda, sin permiso, por el cuerpo y que te persigue hasta en sueños. Ese sentimentalismo fingido, tan agónico, con el que camuflamos nuestros pensamientos, los que de verdad duelen. Dentro y fuera del alma. Es, precisamente hoy, la sensiblería la que me trae aquí, la que me provoca esta distorsión de la realidad, nunca inservible aunque sí perturbadora. Anda, déjame ya, que es tarde.

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