Cada tanto, todo vuelve como ahora…

Todavía siente el sabor metálico de la sangre entre sus dientes. Se divierte moviendo la lengua mientras succiona, de forma algo convulsa, los últimos resquicios de la cena de la noche anterior. Saborea cada instante de malicia perpetuada y cierra los ojos para contemplar, entre imágenes borrosas, su figura deshecha ante el espejo, su encía sangrante, su cuerpo estremecido por el frío y la soledad. Una agonía distorsionada por sus propios ojos, alcoholizados y aún doloridos a causa de una desazón descontrolada y un vómito abominable y una locura ya conocida. Se palpa los labios y nada siente más allá de un cálido estímulo de deseo, impregnado en su propio ser, que se estremece al imaginar más sangre y más dolor, lágrimas y hasta muerte a su alrededor.

Ella dejada en algún lugar inhabitable pero alcanzable donde soñar fuese siempre gratis.

Elisa Pont

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