Sociedades en punto muerto

Más que un libro un manifiesto. Quizás, una oda a la esperanza. Tony Judt escribió, en la etapa en la que uno se licencia en sabiduría, uno de sus últimos libros: Algo va mal. Una declaración de intenciones, en la que el autor alude a la conciencia crítica de los lectores y les invita a cuestionarse los valores morales que rigen en la mayoría de las sociedades democráticas actuales.

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Tony Judt, autor del libro.

La naturalidad con la que se han aceptado y consolidado conceptos que datan de la década de los ochenta -tales como el culto a la privatización, la expansión del sector privado o la obsesión por la búsqueda del beneficio material-, componen el leitmotiv de esta obra. El libro narra como las sociedades actuales están anestesiadas y no tienen capacidad para generar nuevos modelos alternativos que consigan dilapidar las desigualdades. Unas desigualdades que las élites dirigentes han intentado presentar como inherentes al sistema y sobre las que los medios de comunicación no han generado debate.

Para Judt, en los últimos treinta años el papel del estado se ha visto mermado hasta mutar en una especie de estado esquelético al que se le usurpan algunas de sus funciones fundamentales. No obstante, esto no implica que los gobiernos de Margaret Thatcher, George W. Bush o Tony Blair, entre otros, hayan eliminado el Estado como tal, sino que han privatizado algunos de sus campos de trabajo como el transporte público, y por contra han impulsado su papel en el ámbito de control de la ciudadanía, en el sentido represivo y de recogida de información.

Un libro con sabor amargo pero cuya repercusión ha sido enorme. Algo va mal ha conseguido una gran acogida entre el público convirtiéndose junto con Indignaos, de Stéphane Hessel, o La civilización del espectáculo, de Mario Vargas Llosa, en un fenómeno de tratados destinados especialmente a los jóvenes y que invitan públicamente a la revolución pacífica. Una corriente literaria cuya máxima es cuestionar todo lo que nos rodea y fundar nuevos valores sobre los que engendrar otro tipo de sociedades.

¿En qué punto nos encontramos? Esa es la duda que resolvemos al finalizar la lectura.

Los ciudadanos nos chocamos de frente contra un Estado cada vez más anoréxico, una sociedad donde afloran las desigualdades, despojada de valores y de espaldas al creciente cambio climático. Pero como he mencionado, hay una pizca de esperanza en las palabras de Judt: ” el estilo materialista y egoísta de la vida contemporánea no es inherente a la condición humana”.

A partir de aquí, las posibilidades son amplias y diversas. Qué se debe hacer es una pregunta a la que el historiador británico solo nos da una respuesta: no quedarnos inmóviles y actuar. Es decir, despertarnos, revolucionarnos, indignarnos…. Llámenlo como quieran.

Alba Vilar

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