Instantánea de Lyon

Un niño haciendo que las palomas vuelen.
Un hombre que habla sin ser escuchado, al viento.
Una pareja que se come a besos.
Una anciana que ve pasar la vida, a sus pies.

Olvido el reloj,
Pero me mantengo alerta.
Miro al cielo, que está ennegrecido.
Tocas mi piel, que está mojada.
Rozas un cuerpo…
Me llamas sin pronunciar mi nombre.

Demasiadas palabras,
labios que callan, que otorgan, que hablan.
Y que luego besan.
Sin remordimientos.

La lluvia cesa.
El niño llora,
Y el hombre habla,
Y la anciana, camina.
Siempre erguida.

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Elisa Pont

Pensando a través de nuestras cicatrices

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Hannah Arendt no veía. Miraba. Este matiz fue uno de los que la convirtieron en una de las teóricas de la política más interesantes del siglo XX, y a sus libros, todavía hoy, de obligada lectura.

Una revisión de la historia judía y otros ensayos, es una recopilación de algunos de los muchos- atrayentes- artículos y textos que publicó sobre la cuestión judía entre el 1942 y 1966. Por eso, a través de este compendio podemos conocer algunos de los temas recurrentes a lo largo de su trayectoria, y lo más importante: una forma de analizar los fenómenos sociales teniendo en cuenta las propias experiencias de aquél que las examina.

Este era el modus operandi de esta judía de origen alemán y el que defendió en cada una de sus obras. Ella siempre insistió en que “el pensamiento tiene su origen en la experiencia viva” y por esta razón participó activamente en el curso de los hechos sobre los que escribió. Un ejemplo de ello es su vinculación a la Organización Sionista Alemana, por la que fue arrestada y tuvo que emigrar a París donde residió hasta 1941, año en el que obtuvo el visado y se mudó a Estados Unidos.

Posiblemente, su reiterada emigración influenció muchos de los artículos que dedicó a los refugiados. La autora explicaba que la mayoría de los judíos no preservaban su identidad sino que intentan adquirir aquellos trechos definitorios de los países a los que emigraban: son los llamados advenedizos. No obstante, en los países receptores que nunca han entendido el patriotismo como una práctica han continuado siendo “judíos” y los enormes esfuerzos de estos advenedizos no han hecho sino evidenciar su verdadera condición. Por otra parte, presenta a los parias conscientes que representaron la vanguardia de sus pueblos al conservar su identidad de país en país.

Por ello, Arendt fue una defensora de la diferenciación cultural contrapuesta a la homogenización que, según ella, llevan a cabo los Estados- Nación; lo que se percibe claramente en algunas de sus frases “nueva clase de seres humanos: son confinados en campos de concentración por sus enemigos y en campos de internamiento por sus amigos”.

Ella- como se percibe en cada una de sus palabras- nunca renunció a sus raíces. Su pensamiento- siempre dedicado a crear un mundo más justo- se condensa en la premisa de que pese a que los hombres tenemos trechos característicos que nos diferencian y que debemos preservar, pues la diversidad siempre es sinónimo de riqueza, también estamos conectados y tanto la absoluta separación y la fusión son dañinas.

Alba Vilar

Un cuerpo, dos mitades

Sus manos, entrelazadas, se agarran en la cúspide de esta figura, casi devorándose la una a la otra. Y es esa misma fuerza, la que los mantiene unidos, a estos dos cuerpos que fusionados convergen en un único punto, en un sinfín de sensaciones.

Una imagen de sufrimiento. O de amor. La mujer abstraída en sus propios pensamientos, en unos recuerdos ya consumidos en el tiempo. Mientras el hombre, angustiado, se sumerge en su otra mitad, en su amor platónico, evitando una separación que parece inminente.

La voluntad de permanecer unidos les sacude sin miramiento alguno. A esas dos almas, de belleza divina, que la humanidad, por imperfecta y caprichosa, jamás comprenderá.

Elisa Pont

La puissance de la volonté, de Boleslaw Biegas (Pologne, 1877 – Paris, 1954). Dépot de la société historique et littéraire polonnaise, Bibliothèque polonnaise de Paris, 2008. Musée de Beaux-Artes de Lyon.

Sociedades en punto muerto

Más que un libro un manifiesto. Quizás, una oda a la esperanza. Tony Judt escribió, en la etapa en la que uno se licencia en sabiduría, uno de sus últimos libros: Algo va mal. Una declaración de intenciones, en la que el autor alude a la conciencia crítica de los lectores y les invita a cuestionarse los valores morales que rigen en la mayoría de las sociedades democráticas actuales.

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Tony Judt, autor del libro.

La naturalidad con la que se han aceptado y consolidado conceptos que datan de la década de los ochenta -tales como el culto a la privatización, la expansión del sector privado o la obsesión por la búsqueda del beneficio material-, componen el leitmotiv de esta obra. El libro narra como las sociedades actuales están anestesiadas y no tienen capacidad para generar nuevos modelos alternativos que consigan dilapidar las desigualdades. Unas desigualdades que las élites dirigentes han intentado presentar como inherentes al sistema y sobre las que los medios de comunicación no han generado debate.

Para Judt, en los últimos treinta años el papel del estado se ha visto mermado hasta mutar en una especie de estado esquelético al que se le usurpan algunas de sus funciones fundamentales. No obstante, esto no implica que los gobiernos de Margaret Thatcher, George W. Bush o Tony Blair, entre otros, hayan eliminado el Estado como tal, sino que han privatizado algunos de sus campos de trabajo como el transporte público, y por contra han impulsado su papel en el ámbito de control de la ciudadanía, en el sentido represivo y de recogida de información.

Un libro con sabor amargo pero cuya repercusión ha sido enorme. Algo va mal ha conseguido una gran acogida entre el público convirtiéndose junto con Indignaos, de Stéphane Hessel, o La civilización del espectáculo, de Mario Vargas Llosa, en un fenómeno de tratados destinados especialmente a los jóvenes y que invitan públicamente a la revolución pacífica. Una corriente literaria cuya máxima es cuestionar todo lo que nos rodea y fundar nuevos valores sobre los que engendrar otro tipo de sociedades.

¿En qué punto nos encontramos? Esa es la duda que resolvemos al finalizar la lectura.

Los ciudadanos nos chocamos de frente contra un Estado cada vez más anoréxico, una sociedad donde afloran las desigualdades, despojada de valores y de espaldas al creciente cambio climático. Pero como he mencionado, hay una pizca de esperanza en las palabras de Judt: ” el estilo materialista y egoísta de la vida contemporánea no es inherente a la condición humana”.

A partir de aquí, las posibilidades son amplias y diversas. Qué se debe hacer es una pregunta a la que el historiador británico solo nos da una respuesta: no quedarnos inmóviles y actuar. Es decir, despertarnos, revolucionarnos, indignarnos…. Llámenlo como quieran.

Alba Vilar