Una tarde con Goytisolo

ens-lyon-goytisoloNo le gustan los elogios, y así nos lo hace saber quién presenta esta conferencia. Pero, a   pesar de ello, más de uno se le escapa cuando introduce al ponente, sentado en el centro de una mesa extensa y concurrida. Juan Goytisolo asiente con la cabeza al oír su nombre, pronunciado en un francés pulcro.

Y continúan los ensalzamientos hacia el escritor e intelectual español −afincado en Marrakech− que atiende expectante a cada uno de los comentarios de Philippe Dessommes, con el que mantiene una «verdadera amistad». Una visión de la «devastadora situación de España» nos conduce, a los curiosos allí reunidos, a comprender mejor la «independencia absoluta» imperante en el estilo de Goytisolo, ya sea en la novela, en el ensayo o incluso en la poesía.

La voz femenina la aporta la traductora Setty Moretti, profesora de l’Université Lumière Lyon II, quien subraya, en otras muchas cosas, el tratamiento de la sexualidad en las obras de Goytisolo, a las que califica de portadoras de una gran «riqueza literaria». Y, por supuesto, otra mención más al país que le vio nacer −que no crecer− y del que el escritor afirma: «soy un hijo de la Guerra Civil, pero el país de Franco no es mi país».

Una trayectoria literaria influenciada por los autores del Boom latinoamericano −sobre todo, Carlos Fuentes− y los clásicos de la picaresca española; pero, también, nutrida de la literatura oral árabe y de sus contemporáneos franceses. Porque París fue la ciudad que le acogió tras el exilio, la ciudad en la que experimentó «la liberación franquista».

Juan Goytisolo, considerado por el profesor de literatura comparada de l’École Normale Supérieur de Lyon (ENSL), Henri Garric, como el responsable de la «ruptura en la historia de la literatura española», rememora los años pasados en la capital francesa, «la ciudad donde todo es posible». Y lo hace con nostalgia y con un acento francés fuertemente castellanizado que no desvirtúa en absoluto el mensaje.

Señas de identidad (1966), la Trilogía Álvaro Mendiola (1966-1975) y Tradición y disidencia (2001) han sido algunas de sus obras más aclamadas, sobre las que los distintos especialistas han debatido y criticado durante más de dos horas. Además, Carajicomedia (2000) que, según Emmanuel Le Vagueresse, es una novela que posibilita el «rencuentro entre los narradores» mediante un discurso «católico», sobre el sexo y las relaciones homosexuales.

«¿Por qué tuvimos un régimen como ese?», se pregunta y nos pregunta Goytisolo. Como respuesta, Yannick Llored cita su libro Paisajes para después de la batalla, en el que el escritor retrata un «París distinto» y tras el que consigue entender el récit historique de la sociedad española, mediante una «autoposición cultural e intelectual».

Y por último, la intervención, tan esperada, de Goytisolo sobre la realidad de la cultura en España. «No hemos tenido una transición cultural», afirma el escritor quién recurre, como ejemplo, a la última actualización del Diccionario Biográfico Español, coordinado por la Real Academia de la Historia. «No necesitamos un partido de extrema derecha –como es el caso de Francia o Italia− porque sus representantes ya están en el interior del Partido Popular», añade provocando una carcajada irónica entre el público.

Elisa Pont

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Maniatados

Sus manos denotan ese nerviosismo involuntario que a veces nos delata, pese a que nuestra voz permanezca invariable, incluso un tanto rígida. Pero no nuestras manos.

Son grandes, quizá no demasiado para tratarse de un hombre, y están algo rojas; no sé bien si por el calor etéreo de esta habitación o por el frío húmedo de la calle. Hoy la lluvia nos acompañará a lo largo de la jornada.

Cruzadas, dentro de los bolsillos, apoyadas sobre la mesa. Sus manos en continuo movimiento, acompañando siempre a sus palabras, creando así una gesticularidad que en él parece algo ensayada. Sigo observando sus manos, ahora más relajadas, escondidas tras un dorso desconocido. Miro las mías y vuelvo a él, pues siempre es más sencillo hablar del otro, nunca de ti.

¿Tus manos? No las recuerdo, o no quiero recordarlas. En cambio, sí las siento. Extraño, ¿verdad? Otra vez sus manos frente a mí, desvirtuando mis pensamientos, alejándome de un objetivo reconfortante pero a la larga dañino.

Sus manos. Tus manos. Mis manos.

 

Las manos de la ternura, pintura de Oswaldo Guayasamin

Las manos de la ternura, pintura de Oswaldo Guayasamin

Elisa Pont

Las mentalidades anheladas

Fue el mejor regalo que le podían hacer por su veintisiete cumpleaños. Aunque los nervios habían tomado el mando y deambulaban por todo su cuerpo, sus manos supuraban una envidiable tranquilidad, pues eran conscientes de que no les estaba permitido ni el más discreto tembleque.

Guantes de látex, mascarilla y bisturí en mano se dispuso a explorar su primer cerebro. Mientras, su superior -como si de un loro se tratara- no paraba de repetirle que entrara por la silla turca, ya que era que la vía que mejor se adecuaba para el tipo de operación.

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Pero ella iba a ir más allá. Siempre había estado anestesiada por el inconformismo y ahora no concebía curar solo las imperfecciones de los laberintos de carne y huesos que componen a las personas. Irrevocablemente, no. Ella, imprimiría mentalidades. Ansiaba dotar a las mentes de tolerancia y disgregarles cada pizca de intransigencia que en ellas residiera y pudiera contaminar sus pensamientos.

Bajo sus manos, desfilaron multitud de cabezas de razas, lenguas y culturas diferentes a las que ella exorcizó las concepciones irrespetuosas. Siempre con su bisturí como varita mágica para intentar edificar una sociedad donde todas esas cabezas pudieran opinar a sus anchas.

Alba Vilar

Cuando lo cotidiano es excepcional

carlosdelamorLa vida a veces es un reloj marcando esa hora que nunca llega y que cuando pasa, te abruma. Es, también, una conversación en un café, un encuentro fortuito, unas palabras de consuelo. La vida a veces son los días ya vividos, olvidados entre tantas otras cosas…

Y además, La vida a veces es el primer libro del periodista Carlos del Amor, en el que nos cuenta, como si estuviese a nuestro lado y casi en un susurro confidente, historias emotivas, historias que no deberían pasar desapercibidas. Un compendio de instantes capturados, de fragmentos de vidas anónimas que, por qué no, pudieron ocurrirte a ti, lector.

Son historias escritas que se leen, pero que también se escuchan; ellas como parte de un todo desconocido, que la brillante y sensible escritura del autor nos permite descubrir.

Y, de pronto, unos ojos que no se esconden, que lloran, viven y acaban por cerrarse, cuando el sueño ya no es causa ni principio de nada. Así es, la vida a veces.

Elisa Pont

Villa Puccini

Un piano de cola que espera ser tocado. Un par de sillas reposan junto a él. Y al otro lado del escenario, unas telas que han vivido tanto… Mientras, la luz tenue prolonga la sensación de letargo que inunda el teatro.

Un murmullo incipiente, como el presagio del despertar de dos voces que interpretarán las pulsadas melodías del compositor italiano Giacomo Puccini. Una de ellas, representada por la versátil actriz María Luisa Merlo; la otra, encarnada por la consagrada cantante de opera Emilia Onrubia. Un mismo personaje, una prestigiosa cantante a punto de retirarse, desdoblada en gesto y voz.

La obra, del director Miguel Ángel Orts, transcurre durante la última actuación de una afamada cantante de ópera cuya carrera artística y vital ha estado marcada por las composiciones de Puccini, ahora revividas por el pianista José Madrid Giordano.

Desde mañana, y hasta el próximo 15 de marzo, el teatro Thalia acogerá esta peculiar obra que entonará, entre otras, Madame Butterfly, Tosca y Mimí.

Texto: Alba Vilar y Elisa Pont

Imágenes: Elisa Pont