La Bomba

Sus ojos se me clavan como un puñal, de una mirada fija y a la vez eternamente perdida. Su rostro está ennegrecido y sus brazos, más bien toda su piel, está carbonizada, rojiza y desgranada en pequeños pedazos por el suelo. El plano de la cámara se expande y la imagen de un niño se multiplica por diez, por cien, por mil. Son tantas personas, muertas en vida, que pierdo la cuenta. Sus llantos y sus quejidos inundan la sala de proyecciones provocando un grito silencioso entre los asistentes.

Y ahora, busco desesperadamente palabras que me ayuden a describir la destrucción que provocaron las bombas atómicas sobre Hiroshima o Nagasaki, pero no las encuentro. Retratar la nada, la devastación absoluta me parece imposible. Ni si quiera las reconstrucciones, aunque ficticias, del momento de la explosión se asemejan a lo que allí debió ocurrir, a lo que permitimos que ocurriera.

Con motivo del comienzo del festival cinematográfico Cine O’clock, el viernes se proyectó el polémico documental “La Bombe” (1965), de Peter Watkins en la Maison du libre, de l’image et du son de Lyon. El film reconstruye, a partir de testimonios escritos y visuales, las catástrofes ocurridas en las ciudades japonesas a principios de agosto de 1945. Además, el director propone al espectador una visión hipotética de qué hubiese pasado si el ataque hubiese caído sobre Londres. Un realismo escalofriante que se muestra a través de historias ficticias, pero tan dramáticas como las de las 300.000 personas que se calcula perecieron al instante o en los meses posteriores, como consecuencia de la exposición continuada a la radiación.

Así se dio inicio a la 18ème Semaine du Cinéma Britannique et Irlandais en la ciudad francesa de la gastronomía, que durará hasta el próximo domingo 10 de febrero, y durante la cual se proyectarán grandes clásicos como “Tell me lies”(1968) de Peter Brook, y también nuevas creaciones, como la esperada adaptación de la obra de Tolstói, “Anna Karenine” (2012), realizada por Joe Wright.

Pero, continúo con la mente un tanto paralizada, repleta de imágenes que ya alguna vez había ideado pero a las que no había dotado de sentido. Como reflexión, las palabras del filosofo francés Albert Camus:

“Cualquier ciudad de mediana importancia puede ser arrasada por una bomba del tamaño de una pelota de fútbol. La civilización mecánica acaba de alcanzar su último grado de salvajismo. Ya se respiraba con dificultad en un mundo torturado. Y he aquí que se nos ofrece una nueva angustia…Nos rehusamos a sacar de tan grave noticia otra conclusión que no sea la decisión de abogar más enérgicamente aun en favor de una verdadera sociedad internacional, en la que las grandes potencias no tengan derechos superiores a los de las pequeñas y medianas naciones, en que la guerra no dependa más de los apetitos o de las doctrinas de tal o cual estado.”

Combat, 8 de agosto de 1945, en Moral y Política, Biblioteca clásica y contemporánea, Buenos Aires, 4 Editorial Losada, 1978, págs. 57-59.

the-war-game

Elisa Pont

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