Sucedió sin más

Sus dedos se aventuraban en busca de otra de esas galletas de chocolate,  mientras la señora lluvia representaba su papel de melancolizadora de las estampas navideñas de la citta eterna.

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Fuente: Andrea García Mas

Mordió una y el placer del chocolate se expandió por todo su cuerpo, ahora en reposo tras haber sido usado las últimas noches como catalizador de la pasión de ambos. Una vieja conocida que se mimetizaba a la perfección con la atmósfera romana; pues los cimientos de ambas eran tan antiguos que resultaba inviable descifrar cuando se originaron, aunque simultáneamente latentes y renovados.

Tenía toda la noche para ella y su cappuccino sonámbulo. El barrigudo de traje rojo no llegaría hasta la mañana siguiente para llevarla de vuelta a casa, así que se dedicó a recrearse en el pasado más próximo y a fantasear sobre el futuro más prometedor. También bailó. Mejor dicho, reconstruyó en movimientos, en pasos y piruetas, los estremecimientos de las noches anteriores.

Se dirigió al ordenador y buscó aquella canción adictiva: How can you mend a broken heart. Pero esta vez sonó con un matiz diferente; pues ella ya no la escuchaba por necesidad, sino por placer y sabiendo que un día también ellos pasearían por Notting Hill.

Alba Vilar

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