Prossima fermata

Para los desequilibrados que adoran las casualidades y aspiran a perderse en cualquier rincón de la faz de la tierra-hasta que Marte sea asequible-, el metro es el sumun. Un mundo de posibilidades. Por eso, al entrar por primera vez en él, le guiño un ojo. ¿ Al metro, a ella misma?

Eran las cinco de la tarde y el calor asfixiante reinaba en la ciudad eterna. Se sorprendió al encontrar asiento, pero es que aquel lugar la esperaba desde hacia semanas. Empezó entonces a picotear miradas y a dilatar el delicioso sabor del anonimato. Fueron quince minutos de fabricar vidas ajenas, de creer entender por qué sonreía la anciana del asiento de delante o aquella pareja discutía si se estaban comiendo con la mirada.

Pero fue al bajar del metro, mientras olfateaba la grandeza de las ruinas romanas, cuando el mundo de posibilidades se elevó al infinito. Todas las calles respiraban historia y la inspiración se asomaba en cada baldosa. Volvió a guiñar un ojo; esta vez: a Roma.

Alba Vilar

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