Una tormenta de pretextos

Una vez más: llueve sobre mojado. A ellos no les sorprende, pues la lluvia se ha convertido en su leitmotiv. A veces, se viste de diminutas gotas de agua pero suficientes para que jueguen a ser dos ladrones en busca del escondite perfecto, para morderse (sutilmente) los labios. Otras, se disfraza de truenos cuando los odios instantáneos brotan y el olor a reproches podridos comienza a calarles.

Por eso saben, presienten, que esta noche lloverá.

La plaza irradia un halo de recelo. Ella llega pronto y se sienta en uno de los dos bancos de color anaranjado, para descubrir que tiene compañía: una hoja premonitoria de que el otoño acecha. Las manillas no se han movido ni un cuarto de circunferencia, cuando aparece él, como siempre sonriente. Podría ser una tarde o noche, poco importa, más. A la que le siguiera otra tarde o noche más, y así sucesivamente como si de una cadena de montaje se tratara.

Pero hoy, la lluvia es de pretextos y las circunstancias les perforan. Asfixiándoles. La distancia planea; les haces acobardarse y sus siluetas quedan estáticas. Ambos se van (lejos) con todas las preguntas abiertas.

Pasara el otoño; quizá el invierno, también. Estarán en dos planetas diferentes. Quizá una tormenta les ayude. O no; dicen que no se piensa bien con los pies mojados.

Alba Vilar

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s