A dos días vista

¿Cómo escribir(te)? Atentos a la sutileza, que es más bien de una claridad aberrante, pero al fin y al cabo, propia. ¿O no? Aunque esto no tenga nada que ver contigo, ni siquiera conmigo. Es más propio de especímenes sin recatados ornamentos ni sensación de culpabilidad.

A todo esto, que la pregunta tiene su lógica. En plena crisis existencial sobre la talentosa profesión del escritor –o escritora, por supuesto−, una se imagina que va y lo consigue, que le sale bien la jugada y se olvida de otras cosas. A lo mejor de muchas o a lo mejor de ninguna, eso dependerá de cada cual.

Pero mientras tanto, sentada al sol de agosto, la piel caliente y los ojos llorosos, −al menos los míos permanecen siempre con dos pequeñas gotitas de agua – la sensación de fracaso aumenta. Quizá porque la práctica se pierde, y una se relaja y se abandona al más puro pensamiento, al de mente en blanco y globos de colores.

Y así, con una imaginación prodigiosa, que dicen que algunos tenemos −o a veces inventamos− para excusarnos y no avergonzarnos, seguimos viviendo a nuestra manera. ¿Para qué inventar otra?

Sería una pérdida de tiempo, como lo eres tú.

Elisa Pont

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