Hiroshima mon amour

¿Cómo iba yo a imaginarme que esta ciudad estuviera hecha a la medida del amor?

¿Cómo iba a imaginarme que estuvieras hecho a la medida de mi cuerpo mismo?

Hiroshima destruida. Hiroshima sin color. Hiroshima y la nada. Él y Ella, en Hiroshima.

Poco más importa, excepto sus cuerpos desnudos a través de una lente desenfocada. Impregnados de sudor ,de deseo y de un desconocimiento mutuo que, de forma paradoxal, los une. Un fulgor estival es testigo de sus contados encuentros, fortuitos; en camas de hotel, en cafés deshabitados.

Conversaciones sobre el tiempo, el olvidado y el que permanece en sus retinas: instantes clamorosos fotografiados a conciencia, reivindicados con cierta distancia.

Y un pasado, que no se quiere ocultar. Ella, loca como sostiene que estuvo con apenas veinte años.

Nevers, el río. Tú, el alemán, el enemigo. Mi vida.

Sabedora de que por amor, no se muere. Ahora retenida entre sus brazos, de piel amarilla. Otra vez confiada.

Una producción internacional sobre la Paz, en Hiroshima. Este es el punto de unión entre el japonés y la francesa, con fecha de caducidad, como no podría ser de otra manera.

Un uniforme de enfermera paseando entre las calles de la ciudad abarrotada, en un desfile en el que solo los niños, felices, se amontonan sobre las aceras. Él, persiguiéndola. Ella, dejándole, aunque intente resistirse.

Y un último encuentro, un último escenario: París. Y la incertidumbre de si volverán a verse algún día.

Ellos, que son Hiroshima y Nevers. Mi amor.

Elisa Pont

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