El alma femenina de El Brujo

“Es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras”, William Shakespeare.

Ocultadas tras un halo de dependencia e incomprensión, sometidas a los designios de los personajes masculinos y enfrascadas en arquetipos de la época: así creemos que son Las mujeres de Shakespeare, porque desconocemos el verdadero propósito del autor.

Con la ayuda de los acordes desgarrados de un violín y una escenografía minimalista, pero sumamente elegante y atrayente, El Brujo rasga el velo que recubre a estos personjes; desnunándolos y dejando entrever su inteligencia y perspicaza. Mujeres aparentemente domadas, exclavizadas por los convencionalismos sociales,  pero que, en la sombra, dirigen las riendas de su propia vida. Un análisis de la figura femenina en cuatro obras del escritor británico William Shakespeare: Beatriz, “Mucho ruido y pocas nueces”; Rosalinda, “Como gustéis”; Catalina, “La fiera domada”; y Julieta, “Romeo y Julieta”.

Comedia. Monólogo. En definitiva, teatro. Un teatro al que El Brujo ya nos tiene acostumbrados, con sus inconfundibles guiños al presente, con su crítica social; siempre desde el humor y la sátira de un hombre que, como las mujeres que tanto venera, no se inclina ante nadie.

Una representación de la que el público forma parte; por su didactismo, por su exquisita manera de explicar la Historia. Un homenaje hacia el autor de Sueño de una noche de verano, hacia un Shakespeare para muchos desconocido.

 

El Brujo en el teatro Olympia. Fuente: Elisa Pont

Alba Vilar y Elisa Pont

 

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