“Venecia bajo la nieve”

Los cuatro protagonistas de "Venecia bajo la nieve"

Tras permanecer cerrado un día debido a la huelga, el Teatro Olympia reabre sus puertas con “Vencia bajo la nieve”. El aclamado director, Gabriel Olivares, que ya nos sorprendió con su versión de El enfermo imaginario, de Molière, vuelve a apostar por un guión francés, en este caso Venecia bajo la nieve, de Gilles Dyrek. El texto teatral trata las relaciones de dos parejas antagónicas que se reencuentran después de abandonar la universidad: una profunda reflexión humana disfraza de comedia romántica. Llena de tensión y cambios de ritmo, siempre bajo la autencidad, de una obra que es “como la vida misma”. Por ello, el espectador consigue evadirse el tiempo justo y pasarlo bien.

 

Pablo Carbonell, Eva Isanta, Marina San José y Carlos Heredia conforman el elenco de la obra. Los continuos desencuentros se entremezclan con una verdadera incomunicación entre estos cuatro personajes, imprescindibles ya que cada uno juega un rol determinado y es un ingrediente fundamental para el desarrollo de la comedia.

Los diálogos, como han reconocido los propios protagonistas, son en muchos casos “políticamente incorrectos”, ya que cada uno de los personajes ha de enfrentarse a un handicap en concreto. Pese a que la acción se centra en París, el guión se ha localizado en Madrid, adaptándose al tan característico humor español, con anécdotas y chistes perfectamente reconocibles. Una apuesta segura de éxito, que según Pablo Carbonell reforzará la estabilidad de las parejas porque todo consiste en “darle la vuelta a la situación y ver que bonito es todo”.

El Oso ha tenido la oportunidad de entrevistar personalmente a dos de los protagonistas: Pablo Carbonell y Marina San José, que nos han hablado de su trayectoria profesional y sus sensaciones acerca de la interpretación.

Entrevista a Marina San José

Entrevista a Pablo Carbonell

Elisa Pont y Alba Vilar

Los ojos de la conciencia

Con el diploma bajo el brazo y la cabeza saturada de pretensiones se dispuso a coger el metro. Era una soleada mañana del mes de Diciembre y el tembleque nervioso que invadía sus piernas parecía crecer con cada parada.
A su llegada, el aura helénica la transporto a épocas pasadas, a su idolatra Roma, a la moneda que cae en el agua sucia y decadente de la Fontana de Trevi.

– Ha llegado puntual, le acompañare a su despacho. Ya sabe, desde hoy La Nau será su nuevo hogar.

A los pocos días un ejército de documentos había tomado ya el mando de su mesa. Enero se asomaba a la ventana y con él su primera exposición como comisaria. Dos proyectos rondaban su cabeza. El primero de escasa calidad técnica, inexistente expresividad y vacio de creatividad. El segundo era un proyecto maldito, rechazado por diversos museos y galerías y no precisamente por criterios artísticos sino por el “políticamente incorrecto” tan calado en estas tierras.

Aquel día prefirió volver paseando a casa, invito al frio a recorrer su cuerpo y dejo que este congelara sus pensamientos.

Entró, encorsetada en un traje negro. La sala había enmudecido y las paredes estaban pobladas de retratos vivientes. Se acercó cautelosa y comprobó que eran las fotografías de miembros de agrupaciones que intentaron, bajo el escudo de la noche combatir la dictadura Franquista.

Las miradas de aquellos rostros emprendieron un viaje hacia su conciencia. Las respiraciones rápidas se sucedían en un intento por alcanzar el aire. Las fotografías estallaron en un dialogo adrenalínico en el que los reproches no cabían y las reivindicaciones abundaban. Se sintió participe y la domino la necesidad de ayudarles.

Uno de los retratos de la exposición

A la mañana siguiente, solo un proyecto en la mesa. A las dos semanas, la exposición El Llegat de la guerrilla una realidad.

http://www.uv.es/uvweb/universitat/ca/universitat-valencia/expos-llegat-guerrilla–1285845048380/Recurs.html?id=1285851415765

El cuarto de atrás

¿Quién no ha ideado un refugio alguna vez?

Durante una noche de insomnio, la escritora recibe la visita de un desconocido, alguien inquietante y atractivo, quien conseguirá intimidarle y crear un clima de confesiones y recuerdos, todo al mismo tiempo, sin destapar su identidad ni sus verdaderas intenciones.

Un paseo por su niñez y su juventud, por Salamanca y por Madrid, durante aquellos temibles años de la guerra, pero también después, cuando los sueños parecían desaparecer con cada soplido de viento.
Una extensa conversación en la penumbra de una sala rojiza y estrecha, junto a dos vasos repletos de té con limón. Y las experiencias de su vida, encolerizadas y desvirtuadas debido al paso del tiempo, de las pastillas de colores que su invitado le ofrece, con un gesto de condescendencia casi artificial, ensayado.

Pero, hago hincapié en ese refugio, en ese lugar en el que todos o ninguno existimos, del que nadie conoce su existencia pero todos quieren tocar, palpar, sentir. Una metáfora construida desde sus más bajos instintos, desde sus anhelos inconfesables y sus preocupaciones más mundanas.

Carmen Martín Gaite consigue con su “Cuarto de atrás” hacernos partícipe de sus más privadas experiencias a través de un relato que oscila entre la ficción y la autobiografía. Seguro que todos al leerlo, lo hemos hecho desde nuestra isla inventada y solitaria.

Elisa Pont

“Algunes persones bones” ens recorda la fugacitat del temps en el Teatre Talia

Existeixen els heroïs en el segle XXI?

La degradació de l’ànima és el preu per continuar vivint. Aquest és el fil conductor de l’obra Algunes persones bones, de la companyia valenciana Pont Flotant, que es representa al Teatre Talia des del 29 de febrer fins a l’11 de març.
L’obra narra la història de quatre ancians que totes les vesprades es junten en el bar per a jugar al parxís, convertits en persones desconfiades, prematurament envellides i sense forces -a priori- per a canviar les coses. Una profunda reflexió sobre el pas del temps i la pressió de la qüoti- dianeitat.

La representació la protagonitzen els quatre integrants de la companyia: Pau Pons, Jesús Muñoz, Àlex Cantó i Joan Collado, que, a través d’una ferotge crítica -sempre respectuosa, però atrevida-, reflectixen la pèrdua de valors i l’auge del cinisme i la frivolitat en una societat, cada volta, més conformista.

El leit motiv de l’obra està basat en la profunditat de la vida, tant de forma conceptual com a part del nostre destí, convertint-se en l’única eixida possible, dins d’aquelles parets que els aprisionen i quasi els condueixen al seu últim alé.
Una barretja de diferents arts, entre l’escenografia pròpia de les representacions, el material audiovisual i la participació del públic; tot de la mà d’una companyia coneguda per la seua particular trajectòria i el seu caràcter dessinteresat.

L’escena mostra rostres tristos, unes cadires que es perden en la immensitat de l’estància, unes il.lusions difuminades entre el passat i el present… i darrere de tot, algunes persones bones.

Elisa Pont

Tras un cielo estrellado…

¿Por qué para escapar de las restricciones impuestas necesitamos, cada vez más, la protección de alguien que se encuentre en una situación semejante?

La maravilla de comprender al otro reside en uno mismo, y en ningún otro sitio.

Soñar con molinos de viento, de Catherine Ryan Hyde –autora del best-seller Cadena de favores, llevado al cine en 2000 por Mimi Leder – es un conmovedor ejemplo de valentía y superación, pero, sobre todo, de la fuerza de las relaciones humanas para poder volver a soñar, aunque a priori parezca imposible.

Una historia que, pese a su estilo más que ameno y su constante legibilidad, vuelve a caer en un exceso de sentimentalismo y carácter romántico; repleto de referencias a míticas obras vanagloriadas durante años, como Romeo y Julieta de Shakespeare o Wide Side Story.
Aún así, es su originalidad y la moralina que puedes extraer de cada uno de los relatos que contiene la trama central, lo que permite disfrutarla con encanto, incluso con cierta empatía y amabilidad hacia los dos protagonistas: María y Toni −¿O era Sebastian?−.

Las verdaderas historias de amor nunca tienen un final feliz, o eso dicen. Al menos, en este caso, no sabría cómo calificarla: el tono realista del relato, es sin duda, uno de sus mejores recursos.

Elisa Pont