Visiones de Oporto

Panorámica de Oporto

Un viaje hacia el comienzo

En la Calle Cedofeita de Oporto se esconde un lugar al que nos llevó el destino y las ganas de conocer, de escapar… Un lugar con suelos que crujen y escaleras interminables, tres pisos por encima del suelo. Ventanas enormes y cortinas de colores, puertas secretas…

Algo escondía aquel lugar capaz de unirnos. ¿Algo o alguien? Escondía la esencia de un proyecto que no imaginábamos, pero que llegaría con el tiempo: Osoporto.

A esas cuatro personas que estuvieron en el lugar indicado, en el momento justo, a las mismas que saben de qué hablo… Gracias. Porque a veces merece la pena perder el tiempo en cualquier lugar para llegar a conocer un poquito más de vosotros y descubrir que la vida al final, sólo es un cúmulo de momentos guardados en la memoria. Para siempre.

El comienzo de todo, en Oporto.

Alba Monzó

El comienzo de Osoporto

Pasean uno junto al otro,
cercanos y huidizos,
evitando rozarse por miedo a dañarse.
El paso acelerado y
el corazón ardiente.
Y la noche estrellada bañanado su larga melena,
su vestido floreado,
sus ojos pardos,
sus manos temblorosas.
La calle desierta y
el frío apoderandose de sus huesos.
Una pregunta lanzada al aire
con el anhelo de ser respondida:
un beso eterno para una despedida temprana.

Oporto, el escenario idóneo para representar un poema amoroso. Oporto, una ciudad bella la mires por donde la mires.

Quizá fuera la mezcla de antigüedad y estética romántica lo que más me atrajo, pues por poco tiempo que pases en la ciudad, consigue seducirte por completo. Aún así, seguro que no descubrí todos los secretos que esconde, porque ya se sabe que para conocer una ciudad hay que vivir en ella…

De todas formas, tampoco sería capaz de elegir un lugar concreto con el que quedarme: a lo mejor me decantaría por la zona cercana al puente modernista de Alexandre Gustave Eiffel; o con las vistas desde los Jardines del Palacio de Cristal; o por culaquiera de las calles céntricas, con sus idas y venidas de gente, su alboroto y su inconfundible aroma atlántico…

En definita, Oporto puede ser un bonito viaje que recomiendo a todo aquel que disfrute con una conmovedora puesta de sol…

Elisa Pont

El Oso al llegar a Oporto

Era una vez Oporto…

Ojos: en Oporto puede contemplar los 20.000 azulejos que componen la Estación de S. Benito. Me recreé en cada detalle; cada uno explicaba la evolución del transporte, así como las escenas más cotidianas de la vida portuguesa.

Orejas: pues nosotras nos estremecimos con cada fado, ese cante desgarrador que nos recordaba al flamenco.

Boca: ni punto de comparación con lo que yo saboreé. Una copa de twany, una de las variedades del tinto, con el puente Eiffel observándome.

Nariz: yo gano. Me perdí en el aroma que crean las flores en el Mercado de Bolhao.

Manos: tuve mala suerte. No pude coger el aire decadente con aura vanguardista al que perseguí durante todo el viaje.

Alba Vilar

Buenos días, Oporto

Para recorrer las calles de la ciudad portuguesa, me acompañaron cuatro personas que añadieron a cada uno de los paseos por los adoquines interminables una risa fácil, adecuada a cada momento: una visita a la playa, una foto en la Livraria Lello & Irmaoa, una parada para tomar algo frente al río, una subida cansada hacia nuestro rincón en la rua Cedofeita, Osoporto.

Recuerdo la llegada hambrienta, un kaipiroska improvisado, todas las calles abiertas a nosotros. Para recorrer  Oporto, es necesaria una buena compañía que no le importe pasar una mañana buscando la entrada de los Jardines del Palacio de Cristal, o visitar la ciudad con el traqueteo del antiguo tren de madera que recorre sus calles.

¿Un consejo? No te despidas de Oporto.

Elena Tamarit Escrivá

Oporto, ayer y mañana

Recuerdo una tarde en la que fuimos a ver el mar. El Atlántico, tan diferente a nuestro cálido mediterráneo. La playa era larga y estrecha, de piedras, y el mar era bravo y fuerte. Amplio y grandioso, quizás exagerado. Entraba en contraste con la discreción que desprendía el pueblecito costero, sin grandes alturas y sin aglomeraciones de gente. El pueblo, a no más de 20 minutos en autobús de Oporto, guardaba villas de otra época, algunas abandonadas, que invitaban a recrearse en un pasado señorial y aristocrático.

El mar cansa, y el viaje de vuelta en autobús lo recuerdo especialmente molesto. Sin embargo, la compañía hizo que se hiciera más ameno. Es lo que pasa cuando se está contento: se te escapa una risa, una carcajada, o cualquier tontería te parece digna de mención. Pero digna de mencionar de verdad es la imponente desembocadura del río Duero, que lejos de su pequeño tamaño en su nacimiento en Soria, llega convertido en una enorme masa de agua. Sobre sus orillas se conforma la ciudad, amontonada y caprichosa, y entre sus calles, sus retorcidos callejones, sobre cuestas.

Lo cierto es que después aún tuvimos fuerzas de pasearnos por la zona antigua. Iluminadas con el sol de la tarde, las fachadas desconchadas alimentaban la decadencia que tiene Oporto. Pero la palabra decadencia en Oporto cobra otro significado, pues ojalá el futuro fueran ciudades como Oporto, tan agradables, tan cercanas y cómo no, tan bonitas.

Gabriel Pérez Begué

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2 comentarios en “Visiones de Oporto

  1. Jo també vaig ser a O Porto (El port), i vaig gaudir del seu ambient una mica decadent, com més o menys es respira a tot el país.M’agradaren molt els ponts sobre el Dauro, sobretot el d’Eiffel que és preciós, però també els cafès que semblaven com els d’ací de mig segle enrere, amb els cambrers que duien el canvi als moneders, i les tauletes de marbre…
    Ara bé, ja m’agradaria haver fet l’ós com vosaltres, perquè no és el mateix anar als llocs amb la vostra edat que amb la meua… No té res a veure…
    Per cert, que el poema d’Elisa és preciós… Quan m’agradaria ser capaç de fer uns poemes tan romàntics, però a mi ja se m’ha passat l’arròs.
    M’ha agradat moltíssim!
    Salut!
    FRANCESC

    • Com has pogut comprovar Oporto ens va enamorar a tots… Té eixa màgia oculta a cada carrer pel que passeges…
      Què il·lusió que t’haja agradat el meu poema! I més venint d’un professional en lletres com ho eres tu…
      Bon nadal!
      I gràcies pels teus comentaris!
      Elisa

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