Una oda al teatro

El teatro es – si se considera al teatro como medio en un paisaje mediático – el único lugar donde todavía ocurren cosas en vivo. El espectador está físicamente presente, el actor está presente físicamente, no es una conserva y cada función es diferente, aunque se trate de la misma obra, la misma puesta en escena, los mismos actores, incluso si el público fuera el mismo: cada función es distinta. Aquello sobre lo que puede existir consenso en el teatro, pese a todas las diferencias en el público – es decir, intereses diversos, necesidades distintas, pero hay un denominador común -, es que lo que están viendo es único e irrepetible. Eso es lo que la gente no obtiene de la televisión ni tampoco del cine. – Alguna vez Chaikin lo formuló así: “ lo específico del teatro no es sólo la presencia del actor vivo y del espectador vivo, sino la presencia del actor que muere y del espectador que muere”. El momento en que uno está vivo, es uno que se acerca a la muerte; uno vive aproximándose a la muerte y siempre un actor puede morir en el escenario, por una casualidad o lo que sea; también puede morir un espectador durante la representación de la obra. Si un espectador de televisión muere, la televisión no lo nota, eso no afecta en absoluto la emisión del programa. Eso es justamente lo que el teatro no puede ignorar.

Que el espectáculo continúe…
Y es que el teatro desde su nacimiento en Atenas, Grecia, entre los siglos V y VI a.C. en honor al dios del vino y la vegetación Dionisio; ha sido una de las formas de expresión artística preferida por la población. Por eso, es difícil y desolador imaginarse una sociedad en la que el teatro no esté presente, en la que cada noche no se levante el telón en algún teatro produciéndose así, el nacimiento y muerte de un mundo efímero en el que el espectador se adentre y consiga apasionarse con cada uno de los detalles que compongan la composición de la obra que en ese momento tenga lugar. El teatro consigue superar las barrera que tenemos los seres humanos de vivir una sola vida, ya que nos permite cada vez que acudimos a él, vivir cada una de las vidas que dramaturgos como Sófocles, Shakespeare o Ionesco inventaron para nosotros. Como explico Jean Louis Barrault : “ lo que busca el espectador es una salida que dé sobre todo aquello que amplía el horizonte, enriquece el corazón, llena el alma. Viene a buscar alimento”.

Alba Vilar

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